LA VIGILIA EXTENDIDA DE PENTECOSTÉS Y SUS ORACIONES INTERLECCIONALES

LA VIGILIA EXTENDIDA DE PENTECOSTÉS Y SUS ORACIONES INTERLECCIONALES


Pe. Martín Alfonso Mata Gallardo*


El Señor nos ha concedido unos días especialmente bellos en este caminar hacia la Pascua, empezamos este itinerario espiritual con la preparación cuaresmal y después de haber vivido estas semanas de purificación nos adentramos en la Semana Santa; una gran oportunidad para meditar de nuevo sobre el Misterio Pascual de Cristo: Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. La Pascua, siendo la fiesta más importante para los católicos, posee tres momentos especiales que ponen de manifiesto su relevancia y a la vez, estos momentos nos ayudan a vivir mejor la fiesta: preparación, fiesta y prolongación. 


El día de Pascua, habiéndose extendido con la octava de Pascua (lo cual pone de manifiesto su solemnidad), se prolonga aún más, con cincuenta días, creando un tiempo litúrgico independiente. Este tiempo litúrgico es coronado con una fiesta muy especial: Pentecostés, dicha fiesta, será la culminación solemne del Tiempo Pascual. En Pentecostés se conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, dicha fiesta tiene su fundamento en el segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles. El relato de Pentecostés indica como estaban los Apóstoles reunidos en torno a la Madre del Señor en una estancia superior, cuando de repente se posan sobre cada uno de ellos lenguas como de fuego. A partir de ese momento, serán muchos los prodigios que ellos podrán hacer para suscitar la fe en la primera comunidad cristiana.


Un poco de historia sobre la fiesta de Pentecostés


En el AT y en el calendario hebreo se celebraba cincuenta días después de Pascua la fiesta de las semanas (Shavû´ôt), la cual era una fiesta de agricultores donde se recogían las primicias de las cosechas. Luego, en el NT la cincuentena de Pascua estará unida a los relatos de las apariciones del Señor resucitado cuarenta días[1] antes de su Ascención gloriosa, después de la Ascensión vendría la espera del Espíritu Santo el cual llegaría el día cincuenta depués de la Pascua[2]. San Agustín es uno de los Padres que afirma que la Ascensión del Señor junto con la Pascua y Pentecostés son fiestas fijas que se celebran en toda la tierra[3]. Poco a poco va quedando la fiesta de Pentecostés como el cierre de la cincuentena pascual, dicha fiesta quedaría dedicada exclusivamente a la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Ascención quedaría celebrándose el día cuarenta después de Pascua[4]. Este cierre solemne de las fiestas pascuales se comenzó a celebrar en domingo y es en el concilio de Elvira en el año 300 cuando se prescribe “que todos celebremos el día de Pentecostés”[5]. San León Magno también da testimonio de que la celebración de Pentecostés tiene una vigilia nocturna, la cual es calcada sobre la de la Pascua e incluso en el siglo IV se habla de un ayuno preparatorio el día sabado[6]. El hecho de que la celebración de Pentecostés tuviera un carácter bautismal invitó a pensarse en una octava para la catequesis mistagógica de los neófitos; luego se sucitó otro problema: a finales del siglo V en Galia, se incluyeron tres días de penitencia antes de la Ascención[7], es por esto que la cincuentena de la alegría sufre una ruptura en los últimos días que deben de ser considerados de fiesta. Al respecto, las normas universales del año litúrgico dicen: “las 50 días que median entre el domingo de resurrección hasta el domingo de Pentecostés se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo”[8].


La misa de la vigilia en las fuentes litúrgicas. 


El Domingo de Pentecostés, siendo uno de los domingos más importantes del año, como las otras solemnidades de mayor importancia, cuenta también con una vigilia; de hecho, la misa de la vigilia de Pentecostés, es una de las más antiguas[9] de la cristiandad. El sacramentario Veronense nos reporta su propio formulario de Orationes pridie Penticosten e incluso nos presenta también un formulario in Pentecosten ascendentibus a fonte, lo cual nos trae a la mente el esquema del Sabado Santo, en el cual hay bautismos dentro de la misa de la Vigilia Pascual[10].


En el sacramentario Gelasiano son tres las solemnidades que cuentan con su misa de Vigilia: la Natividad del Señor, la Pascua de la Resurrección del Señor y Pentecostés[11], el Sacramentario Gregoriano también reporta la vigilia de Pentecostés, además, nos da un numero más extenso de misas de este tipo, agregando incluso varios formularios comunes de misas de vigilia; en el misal de Pio V serán 18 los formularios de este tipo y en el misal de Pablo VI se reducen a seis las celebraciones a las que se les incorporó una misa de vigilia con formulario propio. Destaco que en todos los casos anteriores, siempre aparece el esquema de Pentecostés.


La vigilia de Pentecostés en las fuentes más recientes


En el misal de 1962 la misa de la vigilia de Pentecostés inicia la tercera parte del tiempo de Pascua, y prevee que continue con una octava que termine el sábado siguiente. “Las oraciones, el prefacio, el communicantes propio y el hanc igitur de esta misa provienen del Sacramentario del papa Adriano (GrH 520-525). Que están precedidos por la frase post ascensum fontis”[12], lo que quiere decir que estaban destinados a una celebración en la que se había recibido el bautismo[13].


En el misal de Pio V de 1570, la misa de la vigilia de Pentecostés practicamente duplica la liturgia del Sábado Santo, omitiendo solamente la liturgia de la luz, incluso las seis lecturas del Antiguo Testamento, las profecías, son tomadas de esta misa. Las oraciones y cantos mencionan siempre al Espíritu Santo en relación al bautismo. Es importante mencionar como el prefacio vincula la venida del Espíritu Santo con la ascensión del Señor.


La misa de la Vigilia de Pentecostés en el misal de Pablo VI


Ya en el misal de la reforma litúrgica, encontramos dos misas para la solemnidad de Pentecostés, la misa de la vigilia y la misa del día. Interesante el caso de la misa de la vigilia, la cual presenta dos formularios; en la segunda forma, la misa está enriquecida con elementos propios de las vigilias. Este formulario ya no sigue el esquema que presentaba Pio V tomando todo del Sabado Santo y tampoco es una misa donde se administren los sacramentos de la iniciación cristiana, razón por lo que contiene menos referencias a estos sacramentos, aunque el misal si menciona como opcional que se haga la asperción con el agua bendita como el día de Pascua. Habiendo quitado estos elementos, podemos darnos cuenta que se ha conservado la vigilia de Pentecostés, con el sentido de una vigilia de oración, los textos bíblicos que se meditan en este día proponen el misterio de Pentecostés como la plenitud de algo que se había anunciado: el don del Espíritu Santo[14]. Esta forma de celebrar una vigilia más extensa, con mayor abundancia de la Palabra y oraciones, nos recuerda a aquella primera comunidad, donde estaban todos reunidos en oración en un solo lugar y se posa sobre cada uno de ellos el fuego del Espíritu[15]. A continuación hago mención del orden de lecturas que propone el nuevo misal para esta vigilia, las cuales estan acompañadas de oraciones como en la Vigilia Pascual:


1.              Gn 11,1-9: La torre de Babel


Salmo 32,10-11.12-13.14-15: Dichoso el pueblo escogido por Dios


Oración: La Iglesia, una familia unida en el vínculo de la Trinidad.


2.              Ex 19,3-8a.16-20a: El don de la ley de la alianza.


Salmo: Dan 3,52.53.54.55.56: A ti Gloria y alabanza por los siglos.


Oración: La antigua y la nueva alianza: la ley y el Espíritu


3.              Ez 37,1-14: Huesos secos: les infundiré mi espíritu y vivirán.


Salmo: 106,2-3.4-5.6-7,8-9: Eterna es su misericordia.


Oración: La renovación por medio del Espíritu.


4.              Jl 3,1-5: Derramaré mi Espíritu.


Salmo 103,1-2a.24 y 25c, 27-28,29bc-30: Envía tu Espíritu.


Oración colecta: Renueva los prodigios de Pentecostés.


5.              Rm 8,22-27: El Espíritu intercede por nosotros.


Aleluya: Ven, Espíritu Santo.


Jn 7,37-39: Manarán torrentes de agua viva[16].


Las oraciones en la Liturgia de la Palabra de la vigilia extendida de Pentecostés


a)     Después de la primera lectura, del libro del Génesis, sobre la dispersión de Babel se reza la oración del Espíritu Santo como fuente de unidad:


Te rogamos, Dios todopoderoso,

que tu Iglesia siempre sea un pueblo santo,

reunido en la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 

para que así pueda mostrar al mundo 

el misterio de tu santidad y de tu unidad 

y conducirlo a la perfección de tu amor[17].


El Padre nos invita a la unidad y el Hijo ora para que no nos pase lo mismo que paso en la dispersión de Babel. Jesús dice: "No ruego sólo por ellos, sino también por los que crean en mí por su palabra, para que todos sean una sola cosa; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que también ellos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado" (Jn 17,20-21). Si en Babel la causa de la dispersión fueron las lenguas[18], en Pentecostés la causa de la unidad serán precisamente las lenguas. En Babel dejaron de construir la torre, Pentecostés es el comienzo de la formación del edificio eclesial, formado por piedras vivas. La oración, deja en claro que es labor de todos la evangelización, es labor nuestra el mostrar al mundo el misterio de la santidad de Dios. “La Iglesia debe mirar siempre al Dios vivo para reconocerse a sí misma, a la vez que se purifica constantemente de las desfiguraciones que le sobrevienen. Sólo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu la familia santa vivirá plenamente su vocación. Una vocación eminentemente evangelizadora, misionera”[19].   Solo evitando toda división, dispersión y separación, podremos adentrarnos a la perfección del amor de Dios. El mantenernos unidos como el Padre y el Hijo, que son Uno, nos asegura poder alcanzar los frutos del Espíritu Santo y nos asegura la unidad entre nosotros como familia santa.


 


b)    Después de la segunda lectura, del libro del Éxodo, sobre Moisés y la zarza ardiendo se reza la oración del Espíritu Santo fuego de Alianza.


Dios nuestro, que en el monte Sinaí,

en el resplandor del fuego diste a Moisés la ley antigua, 

y que en el día de hoy, con el fuego del Espíritu Santo, 

manifestaste la Nueva Alianza,

haz que nuestros corazones ardan con aquel Espíritu 

que infundiste de modo admirable en los Apóstoles, 

y que el nuevo Israel, reunido de entre todos los pueblos, 

reciba con alegría el mandamiento eterno de tu amor. 


Esta oración nos recuerda el encuentro de Moisés con el Señor en el monte Sinaí: este encuentro será la imagen de nuestra relación con Él en el don del Espíritu y la realidad de Dios en nostros. El hombre tiene al Espíritu como prenda, pero al final de los tiempos, el Señor será todo en todos, “Una presencia íntima e irradiante, total y soberana, pero que no consume a las personas. La zarza ardiente de Moisés podría servir de imagen; arde, está Dios presente, pero no se consume”[20]. La Ley sellada con el fuego en el Sinaí, es promesa de lo que será en el hoy por hoy, pero, ¿qué es lo que nos pide el Señor? Quiere fuego en nuestros corazones, recordemos el pasaje de Apocalipsis 3,15: “Conozco tus obras; no eres ni frío ni caliente; ojalá fueras frío o caliente!” (Ap 3,15).  Ahora bien, inspirados por el Espíritu que arde como fuego en nuestros corazones, que quema y purifica pero que no consume, podremos estar facultados para la misión, pues, “Pentecostés será para la Iglesia lo que su bautismo fue para Jesús: por el don y la fuerza del Espíritu, consagración para el ministerio, para la misión, para el testimonio”[21]. Así como los Doce después de recibir al Espíritu se dejaron guiar por sus inspiraciones, así todos, a lo largo de los siglos, daremos la vida día a día con el gozo de cumplir la voluntad de Dios en bien de todos los hombres. ¡Que eso es amar de verdad![22].


c)     Después de la tercera lectura, del profeta Ezequiel y los huesos secos se reza la oración del Espíritu Santo fuente de vida renovada.


DIOS nuestro, que nos has regenerado 

mediante tu palabra de vida, 

derrama sobre nosotros tu Espíritu Santo, 

para que, viviendo unidos en la misma fe, 

lleguemos, por la resurrección,

a la gloria de una vida incorruptible.

 

Así como el Señor lo hizo en el momento de la creación con el Ruaj: el aliento de vida, el cual, habiendo soplado en la naríz de Adán le dio la vida[23], lo hace también con nosotros en el Bautismo y en la Confirmación. Este pasaje de Ezequiel que inspira la oración que acompaña la lectura, es una impresionante profecía sobre los huesos secos que vuelven a la vida, símbolo de la acción de Dios a través de su Santo Espíritu que vitaliza al hombre que se ha apartado de Dios, así como lo hizo una vez con el pueblo de Israel, el cual por su infidelidad había sido desterrado a Babilonia. Israel, experimentando tal devastación, se arrepiente, vuelve a Dios y el Señor tiene compasión de ellos. Ahora los destinatarios de esta profecía/promesa somos nosotros mismos, cada Pentecostés el Señor quiere renovar las gracias que hemos recibido en los sacramentos de la iniciación cristiana. Como bautizados, estamos invitados a vivir el dinamismo del misterio Pascual del Señor, lo que nos hace tener la esperanza de llegar a la plenitud de la resurrección futura. Es el Espíritu Santo el que nos hace vivir a pesar de nuestra pobre condición, la realidad pascual[24].


d)    Después de la cuarta lectura, del profeta Joel y la promesa “derramaré mi Espíritu” se reza la oración del Espíritu Santo fuente de evangelización.


Cumple, Señor, tu promesa

y envíanos tu Espíritu Santo,

para que podamos dar testimonio ante el mundo, 

con nuestra vida, del Evangelio de Jesucristo, nuestro Señor.


La misma promesa que encontramos en el libro del profeta Joel[25] la volvemos a encontrar en el evangelio de San Juan[26], aunque en este pasaje el cumplimiento de la promesa estará más próximo de lo que esperarían y a partir del evento de Pentecostés, la comunidad cristiana (hasta el día de hoy) será una comunidad “pneumatófora”, es decir, portadora del Espíritu. Pero el Espíritu recibido, no es un don que nos debemos de guardar, es una luz que se comparte como la luz del cirio pascual el Sabado Santo; por tanto entendemos que la comunidad (sobre todo en la asamblea litúrgica), “es una comunidad misionera, enviada, destinada a anunciar a Cristo resucitado a todos los hombres; se abre al mundo. Un cristiano que no tiene como punto de referencia a la asamblea, ni se reúne con otros cristianos para glorificar a Cristo, pierde el sentido de su existencia como bautizado”[27]. De igual manera, una asamblea que no comprende su esencia evangelizadora y misionera, se vacía por completo. La razón de ser de la asamblea es evangelizar en la vida. “La asamblea litúrgica es el lugar del Pentecostés del Espíritu. Pero no al estilo de aquel cenáculo cerrado por miedo, como ocurrió después de la muerte de Cristo, sino con un cenáculo pentecostal abierto con la ilusión del encuentro con los demás”[28].


Para concluir, hemos dicho que Pentecostés es el cúlmen del Tiempo Pascual, sin embargo, lo que significó para los apóstoles la venida del Espíritu Santo, debe significar también para nosotros; ellos empiezan su ministerio de predicación y de servicio precisamente después del relato de Pentecostés. Esto nos debe de hacer entender que Pentecostés es un punto de partida también para nosotros, Pentecostés debe de significar para nosotros el comienzo y a la vez la fuerza para nuestra actividad misionera. En la liturgia, los tres primeros domingos de Pascua es Cristo mismo quien se anuncia resucitado, inmortal y glorioso ante sus apóstoles y ante su comunidad, y aunque el tiempo liturgico considerado Pascual ha “terminado” en la liturgia con Pentecostés, los frutos de la Pascua se seguirán recogiendo durante todo el año liturgico, recordemos como Pedro inmediatamente después de recibir al Espíritu Santo pronuncia su discurso kerigmático mediante el cual son hasta tres mil los convertidos. Es así como seguiremos viviendo la Pascua semana a semana anunciando la muerte del Señor y proclamando su resurreción hasta que vuelva; es así como seremos una comunidad inspirada y guiada por el Espíritu Santo; es así como cada día y sobre todo cada Pentecostés adquiriremos nuevas fuerzas para enfrentar los retos que se nos presentan, de cara a la nueva evangelización.


 



[1] Poco a poco surge la celebración de la Ascensión del Señor en el día cuadragésimo, como testimonian muchas homilías de padres orientales y occidentales.

[2] Cf. J. Castellano, El año litúrgico: Memorial de Cristo y mistagogía de la Iglesia, Biblioteca Litúrgica 1: CPL, Barcelona 2017, 210.

[3] Cf. Agustinus Hipponensis, «Sermones», en Obras completas de San Agustín XXIV, edd. M. Fuertes Lanero, A. Centeno, A. Fernández, BAC, Madrid 1983, 654.

[4] Cf. A.G. Martimort, La Iglesia en oración, Herder, Barcelona 1992, 944.

[5] H.T. Bruns, Canones Apostolorum et Conciliorum, Reimer, Berlín 1839, 7.

[6] Cf. A. G. Martimort, La Iglesia en oración, 946.

[7] Usanza que también se adoptó en Roma a finales del siglo IX.

[8] NUAL 22-26; 45-46.

[9] Obviamente la vigilia más antigua es la de la Pascua.

[10] Como una especie de reiteración de la solemnidad pascual por la celebración de la iniciación cristiana para los que no pudieron bautizarse en la Noche Santa.

[11] Cf. J.A. Goñi, «Sentido y uso pastoral de las misas de vigilia», Phase 257 (2003) 465-470, 468.

[12] P. Regan, De Aviento a Pentecostés, Biblioteca Litúrgica 62: CPL, Barcelona 2020, 253.

[13] Hemos citado arriba como el Veronense reporta también este tipo de misa, recordándonos el Sábado Santo.

[14] Cf. J. Castellano, El año litúrgico: Memorial de Cristo y mistagogía de la Iglesia, 214.

[15] Cf. J. González, Pascua/Pentecostés: La vigilia de Pentecostés y sus oraciones, Dossiers CPL 52

[16] Cf. J. CASTELLANO, El año litúrgico: Memorial de Cristo y mistagogía de la Iglesia, 219.

[17] CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO, Misal Romano. Renovado por decreto del Concilio Vaticano II, promulgado por la autoridad del papa Pablo VI y revisado por el papa Juan Pablo II, edición típica para México según la tercera edición típica latina, Obra Nacional de la Buena Prensa, México 2013. 

[18]  “Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la Tierra”. Gn 11,9.

[19]  J. GONZÁLEZ, Pascua/Pentecostés: La vigilia de Pentecostés y sus oraciones, 96.

[20]  Y. CONGAR, El Espíritu Santo, ed. A. Martínez de Lapera, Herder, Barcelona 1991, 291.

[21]  Y. CONGAR, El Espíritu Santo, 47.

[22]  Cf. J. GONZÁLEZ, Pascua/Pentecostés: La vigilia de Pentecostés y sus oraciones, 97.

[23] “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente”. Gn 2,7.

[24]  Cf. J. GONZÁLEZ, Pascua/Pentecostés: La vigilia de Pentecostés y sus oraciones, 98.

[25]  “Después derramaré mi espíritu sobre todos: vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, vuestros jóvenes verán visiones”. Joel 3,1.

[26] “Os conviene que yo me vaya. Si no me voy no vendrá a vosotros el Valedor; si me voy, os lo enviaré”. Juan 16,7.

[27]  A. LUCAS MAQUEDA, Espíritu Santo y liturgia, Biblioteca Litúrgica: 56, CPL, Barcelona 2019, 64.

[28]  A. LUCAS MAQUEDA, Espíritu Santo y liturgia, 65.



 
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